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lunes, 15 de junio de 2015

Músicos investigados por el FBI

En 1973, en pleno destape del escándalo Watergate, Frank Zappa escribía la canción Dickie's Such an Asshole, que decía: “el FBI va a conseguir tu número / El FBI ya tiene tu foto / y tus huellas dactilares también”. Zappa comenzaba así a mostrar en sus composiciones su cada vez mayor implicación política poniendo el foco en el FBI en uno de los momentos más tensos de la historia política reciente de los Estados Unidos. Sin embargo, el FBI seguramente ya tenía su vista puesta en Zappa y, mucho antes, prácticamente desde sus orígenes, siempre estuvieron muy interesados en las actividades de los músicos norteamericanos y el contenido de sus composiciones. 

El FBI vigila a los músicos de jazz

Cuando Joseph Raymond McCarthy llegó al senado en 1947 y comenzó su caza de brujas contra todo aquello que oliera a comunismo el ambiente que se respiraba en los Estados Unidos ya estaba contaminado por un miedo que venía de años atrás. Prueba de ello es el informe del FBI de que fue objeto Duke Ellington después de que un periódico informara sobre un concierto que dio en 1938 en una conferencia de la All-Harlem Youth. Una organización considerada como una de las más importantes entidades comunistas en la “subclasificación racial” manejada por la agencia gubernamental. Además, el señor Ellington hizo público años más tarde su oposición al régimen de Franco en España y declaró abiertamente que él había estado “trabajando por los negros y su condición en el sur desde los años 30”. Más que suficiente para estar en el punto de mira.


En los años 50 el FBI puso la lupa sobre otra figura destacada del jazz, Louis Armstrong, por su apoyo en el caso de Little Rock. Todo comenzó en 1954, cuando se prohíbe al fin la segregación racial en las escuelas. Sin embargo, en una de ellas, en Arkansas, no se hizo efectiva la prohibición gracias a la labor del gobernador cuyo interés seguía siendo mantener a los blancos alejados de los negros. Eso provocó una serie de incidentes y conflictos que tres años más tarde alcanzaron el punto máximo de tensión con el encierro de varios alumnos negros en la escuela de Little Rock. En esos mismos días Louis Armstrong, que se encontraba en Dakota del Norte para dar un concierto, lanzó unas declaraciones incendiarias: “por la manera en la que están tratando a mi gente en el sur, el gobierno puede irse al carajo”. A pesar de las innumerables críticas recibidas por ello, algunas incluso por colegas de profesión, Armstrong siguió en esa línea, lo que propició que FBI abriera un expediente dedicado a las actividades del renombrado músico.


Ya en la década de los 60, cuando el jazz se había convertido en un vehículo importante de muchas de las reivindicaciones de aquellos años, el trabajo del FBI en relación a los músicos de jazz se intensificó. Algunos de los investigados fueron Max Roach, que ya había dejado claro su apoyo al Movimiento por los Derechos Civiles en la portada del álbum We Insist! o Charles Mingus, que había asistido a actos en contra de la Guerra de Vietnam y conocía a gente como el escritor Norman Mailer, otro personaje conocido por el FBI. Pero también estuvieron en el punto de mira del FBI Lena Horne, por su versión de la canción tradicional Hava Nagila y que fue un símbolo de la lucha contra la Guerra de Vietnam o el gran Cab Calloway, que había defendido en 1946 una huelga de trabajadores que acabó convirtiéndose en un movimiento antisegregacionista. Incluso Nat ‘King’ Cole, bien tolerado e incluso apoyado en sus inicios, fue también investigado, siendo curiosamente el encargado de hacerlo un señor llamado Mark Felt, más conocido algunos años más tarde como “Garganta Profunda” por su importancia en el caso Watergate.


John Lennon en el punto de mira

Uno de los casos más conocidos e interesantes de investigaciones del FBI sobre músicos el de John Lennon. Aunque ya en la segunda mitad de la década de los 60 tuvo algunos pequeños encontronazos con los sectores más reaccionarios de la sociedad americana e incluso con las autoridades, es en los setenta cuando la figura de Lennon se transforma para el servicio de inteligencia norteamericano en una amenaza clara. De aquella situación queda constancia en el libro Gimme Some Truth: The John Lennon FBI Files y en el documental Los EE.UU. contra John Lennon. Aunque el documento más interesante al que podemos acceder es al archivo del FBI sobre Lennon y sus más de doscientas páginas en las que se recogen punto por punto todas sus actividades “sospechosas”, sus amistades, sus relaciones con diversas organizaciones e, incluso, sus viajes.

Sin embargo, lo cierto es que Lennon estaba en el punto de mira del FBI desde sus primeros años con los Beatles, porque la banda de Liverpool también fue objeto de vigilancia prácticamente desde su llegada a Estados Unidos. En el año 1964 ya se abre el primer expediente dedicado a ellos. Pero lo que resulta cuanto menos curioso es como en esos archivos podemos encontrar una imagen caricaturesca del músico, que lo presenta de la siguiente forma.

 
Elvis Presley y el Coronel John Burrows 

Otro nombre de gran importancia en la historia de la música, Elvis Presley, también tuvo algunas relaciones con los servicios secretos. En numerosas ocasiones se ha dicho que nunca llegó a ser investigado por el FBI, pero sí hay ciertos indicios de que a comienzos de su carrera pudo ser al menos observado. En mayo de 1956, en una carta enviada por un ex miembro del servicio de inteligencia del ejército norteamericano a J. Edgar Hoover se decía de Presley que era “un peligro para la seguridad de los Estados Unidos”, sobre todo por sus “acciones y movimientos que despertaban la pasión sexual de la juventud”; aunque se le respondió diciendo que aquello no era competencia del FBI.

Más curioso aún resulta que años más tarde, en 1970, se ofreciera como colaborador y confidente al FBI y acusando a otros artistas de corromper a la juventud. Para Presley la causa de la desafección de la juventud tenía nombres como los Smothers Brothers, Jane Fonda –muy activa entonces por su oposición a la Guerra de Vietnam- y muchos otros porque “ellos han envenenado las mentes de los jóvenes despreciando a los Estados Unidos”. La oferta del cantante fue debidamente rechazada por el FBI y, aunque según el Washington Post (que fueron quienes destaparon este asunto) no hubo más contacto entre Presley y el FBI, parece que sí acabó recibiendo un pseudónimo: Coronel John Burrows.


Archivos, archivos y más archivos del FBI 

Con la Guerra de Vietnam como telón de fondo, la administración norteamericana parecía ver enemigos en todas partes – una vez más- y fueron numerosos los músicos y artistas investigados por el FBI que de alguna u otra forma parecían estar implicados con aquella situación. Por ejemplo, The Doors fueron sospechosos de pertenecer a organizaciones contrarias a la guerra y ya de paso se les echó un vistazo a sus letras, mencionando en los informes que decían “las mayores obscenidades que pueda concebir la mente humana”. En el caso de Janis Joplin existe un documento, que menciona David Dalton en su libro Piece of my Heart: A Portrait of Janis Joplin, en el que se comentan algunos disturbios en un concierto, aunque es curioso comprobar cómo en el documento que está publicado en la web del FBI se citan también canciones concretas y se menciona el festival de Woodstock.



Y es que la relación del FBI con los músicos, a juzgar por los archivos públicos, parece haber sido intensa y estrecha. Ya en los años 50 la canción Louie Louie, de los Kingsmen, había sido objeto de un informe de más de cien páginas por su supuesto contenido obsceno, pero también los hubo sobre Frank Sinatra y sus posibles relaciones con la mafia que, curiosamente, no llegaron a más. Muchos otros fueron investigados por cuestiones relacionadas con la droga, como Grateful Dead o John Denver (a quien se le suponía ciertas relaciones con la mafia italiana). Jimi Hendrix también fue investigado, oficialmente por diversas detenciones por cuestiones relacionadas con la posesión y el consumo de drogas. Sin embargo, no sería raro pensar que también tuvo algo que ver su pública simpatía por los Panteras Negras, como se puede comprobar en la introducción que hace a Voodoo Child en el álbum Live At The Fillmore East, donde se refiere a la canción como “el himno nacional de los Panteras Negras”.


La lista de músicos de los que encontramos archivos del FBI es amplia y en algunos casos difícil de explicar, como el expediente que se refiere a Jelly Roll Morton, de tan sólo cinco páginas y que apenas incluye información relevante, o el dedicado a Thelonius Monk, que hace referencia a una visita del músico a Japón e incluye algunos recortes de periódico. Informes breves, con imágenes, recortes y algún incidente relacionado con drogas o inmigración podemos encontrar de un buen puñado de músicos, como Marvin Gaye, Bob Marley, Ella Fitzgerald, Billie Holiday o Sammy Davis Jr.En la mayoría de los casos nos encontramos sólo con unas pocas líneas, algunos delitos menores y poco más, pero detrás de todos esos informes se vislumbra otra motivación que probablemente tuviera más que ver con la difusión de unas ideas, su relación con los cambios políticos y sociales y hasta un modo de vida que no gozaban del visto bueno de la administración norteamericana. La música se había convertido en algo demasiado importante como para no vigilarla de cerca.

Fuentes:

* Artículo publicado originalmente en el número 2 (febrero de 2015) de la revista Nevermind.

jueves, 4 de junio de 2015

Por la otra puerta: la segregación racial y el blues

"Sign On Laundromat, New Orleans 1963" por John Kouns

En los primeros años del siglo XX una joven cantante llamada “Ma” Rainey recorría los pueblos del sur de los Estados Unidos actuando allí donde la dejaran a cambio de unas monedas. En unos de sus viajes escuchó a una mujer que cantaba una historia de desamor que la impresionó de tal manera que acabó incorporando aquella melodía a su repertorio. Aquella joven sería muchos años más tarde conocida como “la madre del blues”, quien dijo una vez: “white folks hear the blues come out, but they don't know how it got there” (“los chicos blancos escuchan el blues publicado, pero no saben cómo se llega a él”). Y no le faltaba razón, porque el nacimiento y desarrollo del blues tuvo mucho que ver con los padecimientos y penurias que sus músicos tuvieron que padecer.

La esclavitud fue abolida en los Estados Unidos en 1865, pero los poderosos latifundistas de los once estados del sur que habían entrado a formar parte del país al término de la Guerra de Secesión no estaban dispuestos a cambiar su modo de vida. Tan sólo un año más tarde se aprobaron las leyes Jim Crow, mediante las que se implantaron una serie de normas que, si bien no mermaban en teoría los derechos de los negros, sí que eran flagrantes en la práctica y legalizaban la segregación entre negros y blancos (“iguales, pero separados” decía el gobierno). De esta forma muchos volvieron a la situación anterior de esclavismo, pero bajo otra forma, así que en la práctica la vida que llevaban muchos de ellos y los sentimientos que albergaban eran casi los mismos que cincuenta años antes.

La población afroamericana se concentraba en las zonas rurales del sur, que era una de las zonas más subdesarrolladas del país, especialmente Mississippi. Allí, las diferencias eran mucho más acentuadas que en los estados del norte y la fuerza del Ku Klux Klan en estados como Tennessee, Indiana, Oklahoma o Virginia fue en aumento durante los años veinte. La vida no era fácil para los negros, que en su mayoría seguían trabajando en las plantaciones (el propio Muddy Waters se crió en una) mientras el resto del país vivía un breve periodo de prosperidad económica.

"Coloured waiting room", de Jack Delano en 1940

La figura del bluesmen campesino y bucólico que estamos acostumbrados a ver tiene mucho que ver con esos paisajes rústicos y en ocasiones desangelados de Mississippi o Louisiana, en los que la figura del vagabundo -granuja pero honesto- deambulaba por esos pequeños pueblos del sureste norteamericano intentando ganar unas monedas tocando en tugurios y ferias. Muchos de los bluesmen más conocidos vivieron de esa forma, como el legendario Robert Johnson, Son House, Lighting Hopkins, Big Bill Broonzy, Blind Blake o el gran Skip James, que fue de los pocos que tenía estudios musicales y que además tocaba el piano.

La década de los años treinta trajo consigo una gran miseria para las poblaciones agrícolas, que vieron su economía casi destrozada, lo que provocó un incipiente movimiento demográfico desde las zonas rurales a otras con mayores posibilidades, siendo ciudades del norte como Detroit o Chicago el destino preferido de muchos afroamericanos. Pero no fue sólo una mayor abundancia de trabajo lo que atrajo a la población negra hacia el norte. En unos Estados Unidos aún dominados por las leyes de Jim Crow, el sur seguía siendo un lugar mucho más violento y cruel para los negros que el norte.

La población afroamericana, que hasta entonces había sido prácticamente rural, comenzó a ser cada vez más urbana. Entre Mississippi y Chicago se produjo un viaje no sólo geográfico sino también cultural, porque todos esos músicos que habían emigrado fueron influenciados por los sonidos que se estaban fraguando en las ciudades y los incorporaron a su bagaje rural. Además, la amplificación de la guitarra y la armónica a finales de los años treinta y la generalización de su uso durante la década siguiente supusieron una gran novedad que abría nuevas posibilidades al blues rural que acababa de llegar a la ciudad.


1954 fue el año que marcó el comienzo de la lucha por los derechos civiles. Varios sucesos coinciden aquel año: la Corte Suprema de los Estados Unidos declaró que las leyes estatales que establecían escuelas separadas para estudiantes de raza negra y blanca negaban la igualdad de oportunidades educativas. Casi al mismo tiempo debutaba un joven Elvis Presley, quien convirtió en fenómeno de masas una “música de negros” y ejerció sin saberlo como integrador racial. Mientras tanto, a poco más de setecientos kilómetros Muddy Waters grababa Hoochie Coochie Man en los recién estrenados estudios de los hermanos Chess, abriendo así las puertas a algunos de los nombres más importantes del blues y el rock de todos los tiempos: Willie Dixon, Little Walter, Buddy Guy, Howlin’ Wolf, Chuck Berry o Bo Diddley, entre otros.

El blues fue en aquellos primeros años una actitud vital, una forma de afrontar las dificultades de la vida cotidiana y una de las pocas formas de expresión que podían usar quienes vieron pisoteados sus derechos fundamentales durante demasiado tiempo. Y los bluesmen los cronistas de todos aquellos que veían cómo su propio país sólo prometía prosperidad y felicidad a quienes tenían la fortuna de haber nacido con un color de piel más claro.

Si un músico blanco viene y me dice: `Esa música es fantástica, quiero aprender a tocarla’, me siento halagado. Pero si el público le aplaude a él y me ignora a mí, resulta intolerable”. Jerry Butler.


Fuentes: 
  • Blues: la música del Delta del Mississippi. Ted Gioia. Ed Turner. 2008 
  • La gran enciclopedia del blues. Gérard Herzhaft. Ma Non Troppo. 2003 
  • Colección ‘Martin Scorsese presents The Blues’. Varios directores. 2003. 
  • Artículo ‘De una interpretación etnohistórica sobre el devenir del blues‘, de Cenobios. 
  • Camino a la libertad. Historia social del blues. Manuel López Poy. Bad Music Blues. 2009 
  • Racial Segregation in the American South: Jim Crow Laws. Prejudice in the Modern World Reference Library, Vol. 2, 2007. 
  • Documental “La segregación racial en EE.UU.” 
  • Blog La música es mi amante
* Artículo publicado originalmente en el número 1 (enero de 2015) de la revista Nevermind.

    martes, 23 de abril de 2013

    Recomendación día del libro 2013: Camino a la libertad, de Manuel López Poy

    Editado en 2009, Camino a libertad nos plantea un relato de la historia del blues desde sus orígenes hasta la actualidad. A través de las letras de muchas de las composiciones más emblemáticas del género, López Poy desgrana la vida cotidiana de la población negra en las plantaciones de esclavos, durante los años de segregación racial, la migración que se produjo en los años 30 del campo a la ciudad o la relación del género con el movimiento de lucha por los derechos civiles. El libro descubrirá a muchos un buen número de músicos, pero también proporciona una trama indispensable para entender y comprender una parte importante de la historia de los Estados Unidos en relación con el primer género musical surgido en aquellas tierras.

    El gran acierto de la obra es el enfoque, el viaje que nos plantea sobre el blues a través de la historia de sus gentes, sus músicos, las letras y los diferentes contextos históricos que les tocó vivir, porque no es posible entender el género sin conocer esa historia y los condicionantes bajo los que se formó y creció. El blues se nos muestra aquí como una creación necesaria para expresar toda la intensidad, los padecimientos y las preocupaciones de una población acallada que no tuvo más remedio que inventar un nuevo medio de expresión.