Mostrando entradas con la etiqueta opinión. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta opinión. Mostrar todas las entradas

jueves, 12 de noviembre de 2015

Unas palabras de David Simon para Allen Toussaint

No suelo dedicar espacio ni en mis textos ni en twitter a las noticias sobre los fallecimientos de personalidades de la música. No tengo un motivo especial, simplemente es que eso supone estar atado al frenética actualidad de una forma que no puedo mantener. Estar al tanto de todo lo que sucede al minuto es una tarea demasiado exigente y si quieres contarlo después ya se convierte casi en una labor que te aleja de las demás.

viernes, 30 de enero de 2015

Trabajar con editor

Llevo escribiendo sobre música de forma ininterumpida cada mes durante los últimos nueve años y algunos años más de forma más esporádica. La mayor parte del tiempo he trabajado en pequeñas publicaciones en las que no había editor, pero desde hace ya cinco años he tenido la oportunidad de contar con un editor en Musicópolis y, más recientemente, con otro en Nevermind. Vamos, que los editores me han llegado ya con una edad y un cierto bagaje. 

Sin embargo, reconozco que ha sido -y sigue siendo- un placer poder trabajar con editores que saben de lo que hablan. Profesionales que conocen hasta bandas y géneros a los que no son aficionados, que llevan a rajatabla las más fundamentales normas gramaticales y que tienen una visión global de la publicación. Recientemente he escrito también sobre el tema en este artículo de opinión, pero lo que se me pasó decir es que mi experiencia de trabajo me ha demostrado que un texto siempre tiene más posibilidades de mejorar con las recomendaciones de un buen editor, pero difícilmente lo empeorará.

miércoles, 19 de noviembre de 2014

¿Hablamos de tecnología o de música?

Últimamente se está dando un fenómeno curioso. Lanzamientos de discos que son noticia por su relación con la tecnología, como el último de U2 o el del Pescao. El primero ha sido mencionado más veces en los medios por haber sido lanzado a través de iTunes que por sus canciones y el segundo se vale del neuromarketing para elegir el single, motivo por el cual no sería de extrañar que ocupe más espacio en la prensa.

Lo cierto es que en una sociedad cada vez más marcada por la tecnología -y su imposición sobre los procesos relacionados con la comunicación- no es de extrañar que empecemos a ver cada vez más casos como los mencionados. Sin embargo, no debe escapársele a nadie el absurdo que supone. Sale un nuevo disco y hablamos más de tecnología que de música. Hoy en día no es difícil apuntar unos cuantos procesos sociales y culturales que se han dado en los últimos años en los que la participación de una determinada tecnología ha sido decisiva, incluso hasta el punto en que no es posible entender esos procesos sin ella. Quizá está empezando a ocurrir lo mismo con la música...

lunes, 1 de septiembre de 2014

La selección de novedades

Primeros de septiembre. Comienza el último tramo del año, el periodo en el que se concentran la mayor parte de las novedades musicales. El motivo no es difícil de desentrañar: con las navidades en el horizonte y más recientes estrategias como el black friday, los consumidores estamos más abiertos a gastarnos los cuartos. No será difícil por tanto que a alguien le caiga como regalo un recopilatorio novísimo de ese músico del que ya podemos encontrar varias decenas de "best of" en el mercado.

Pues bien, en esta situación quienes nos dedicamos a esto de escribir sobre discos nos enfrentamos a un panorama ensordecedor: cerca de 150 novedades sólo en el mes de septiembre, según Metacritic. Añadamos a esa cifra un número nada desdeñable de discos procedentes de pequeños sellos que no aparecen en estos listados y todos aquellos que, por un motivo u otro, se nos escaparon en los meses anteriores. Sólo a ojo nos salen cifras apabullantes...

De esta forma, el redactor musical se ve obligado a hacer una selección de aquellos trabajos que considere más interesantes para los lectores, como ya comenté en otra ocasión. Pero, ¿cómo hacer frente a esta barbaridad de lanzamientos? Me atreveré a dar algunas recomendaciones:

  1. Usar lectores de RSS, como Feedly y similares, mediante los cuales estar informados de todas las novedades. Ordenar las fuentes por géneros nos ahorrará además bastante tiempo a la hora de localizar más tarde las referencias. 
  2. Mantener un contacto constante con el redactor jefe para recibir a tiempo las promos digitales.
  3. Crear una carpeta en la que tengamos todo el material pendiente de escuchar y un documento con los discos que aún tenemos por reseñar con información básica (fecha de lanzamiento, sello, etc.)
  4. Redactar un breve resumen de cada disco que vayamos escuchando. Opción que, aunque nos exige mayor dedicación, es muy útil a la hora de seleccionar posteriormente los discos.
  5. Seleccionar los discos que formarán parte de nuestras reseñas mensuales en base a nuestros propios criterios o a los de la publicación (mucho mejor si ambos pueden ir de la mano).
  6. Dejar a un lado las prisas. Es prácticamente imposible escribir una reseña decente de un disco al que le hemos dado apenas un par de escuchas. No pasa nada por reseñarlo al mes siguiente.
Estas son sólo algunas pautas sencillas que al menos a mí me ayudan a seguir con cierto orden el veloz ritmo de publicación de discos. Seguro que cada uno tendrá sus propios trucos y metodologías de trabajo, así que cualquier apunte, sugerencia o discrepancia es bienvenido.

lunes, 23 de junio de 2014

Ecomusicología: definición y algunas consideraciones

En los últimos años una nueva rama de los estudios musicales está cobrando cada vez más fuerza: la ecomusicología, y, sin embargo, aún son pocos los textos en castellano que podemos encontrar sobre ella. Por eso, me parece interesante dedicar aquí un pequeño espacio para definir y delimitar esta disciplina.

A grandes rasgos la ecomusicología se dedica al estudio de las relaciones entre las personas, la naturaleza y el sonido. Aunque fundamentalmente surge de la etnomusicología, es un campo de estudio en el que convergen otras materias, como la historia, la biología o la acústica, entre otros. Pero ¿qué cuestiones estudia la ecomusicología? Pues lo cierto es que, por lo que he podido leer, muchos de los objetos de estudio se centran sobre todo en la inclusión de la conciencia ambiental en el estudio de cuestiones musicológicas, aunque también existen estudios sobre el impacto ambiental de las giras de músicos o el uso como instrumento de caparazones de animales.

Sin embargo, la cuestión que me parece más interesante es la que se refiere a la conservación de tradiciones musicales amenazadas. Como muchas especies en peligro de extinción existen también muchas tradiciones musicales -una pata más de la cultura- que se encuentran en situaciones que podrían hacerlas desaparecer y cada vez se hace más necesario un esfuerzo colectivo para evitarlo.

Los peligros de la homogeneización cultural son similares a lo que ocurre en la naturaleza. Si la uniformidad genética hace a las especies más vulnerables a ciertas epidemias e infecciones y la consanguinidad ha mostrado en numerosas ocasiones sus nefastas consecuencias (baste echar un vistazo a dinastías como los Austrias o los Borbones) la falta de diversidad cultural -y musical- tiene también sus efectos, pero en la comunicación, la adaptación y el sistema de interacción que la comunidad tiene con su entorno. Además, como comentaba en este artículo en Musicópolis sobre la guerra fría cultural, "las armas más importantes ya no matan, sino que crean formas de pensar", lo que deja a la música -y por extensión a la cultura- en una posición muy favorable para ser utilizada como instrumento político.

Lo que parece incuestionable es que la aparición de la ecomusicología se inserta dentro de un movimiento mucho más amplio de conciencia social y medioambiental. La preocupación por la equidad social y la conservación del medioambiente tienen cada vez mayor presencia en el ámbito de la música, como hemos podido constatar hace poco con el caso de Metallica en el festival de Glastonbury o las cada vez mayores posiblidades de hacer compras responsables de instrumentos. Y esto es sólo el principio del cambio.

Más información en:

- Ecomusicology: Ecocriticism and Musicology. Aaron S. Allen.
- Ecomusicology
- Selección de artículos sobre ecomusicología.

jueves, 5 de junio de 2014

Responsabilidad social en la música: el caso de Metallica en el festival de Glastonbury

Lo que ha sucedido a raíz de la confirmación de Metallica como uno de los cabezas de cartel del festival de Glastonbury ha sido sorprendente. Aunque la afición a la caza de James Hetfield era conocida -en el documental Some Kind Of Monster y en A Year And A Half In The Life Of... ya quedó bien clara- el estreno de un programa para el canal Historia, titulado The Hunt y narrado por Hetfield, ha desatado un cúmulo reacciones inesperadas.

El programa narra la historia de una pareja de cazadores en Alaska. Estos dos tipos se dedican a matar, como era previsible, todo tipo de animales salvajes, incluidos osos kodiak, uno de los de su especie más grandes que existen, junto con el oso polar. Por cierto, que la caza de osos en la zona está permitida, aunque regulada. Ahí queda eso... La cuestión es que esto ha motivado que miles de asistentes al festival se movilicen para conseguir que Metallica no toque en Glastonbury. Si queréis echar un vistazo a los detalles hay una página de Facebook y una web donde se recogen firmas.

Este hecho supone un cambio importante en el negocio de la música, que casi siempre se ha mantenido al margen de consideraciones éticas apoyándose en el componente emocional que la música conlleva. Al igual que el fútbol, la música provoca que sus aficionados sean capaces de dejar a un lado cualquier tipo de moral y ética. Da igual que nuestro artista preferido apoye la pena de muerte o especule en bolsa, si viene a tocar a nuestra ciudad iremos a verle pagando lo que nos digan. No hay mucha diferencia con un equipo de fútbol, cuyo presidente esté implicado en casos de corrupción e, incluso, acabe entrando en la cárcel, que si mi equipo gana lo que sea ahí estaremos para corear y alabar su nombre. Pues bien, eso va tocando a su fin. O, al menos, eso podría indicar el caso de Glastonbury, porque la cuestión es que esto no ha sucedido con una banda cualquiera, no. Es Metallica, que han vendido millones de discos y son capaces aún hoy en día de convocar a decenas de miles de personas, y eso que sus años de esplendor quedan ya muy lejos.



Según un informe Nielsen del año pasado "el 50% de los consumidores de todo el mundo están dispuestos a pagar más por productos y servicios de compañías implicadas en programas de Responsabilidad Social Corporativa" y "el interés de los consumidores por la responsabilidad social de las empresas ha aumentado en el 74% de los países analizados, un dato significativo que denota la importancia de que las empresas realicen programas adecuados y comprometidos con la sociedad". Está claro que los ciudadanos -mejor que consumidores- cada vez se fijan más  en cómo se hacen las cosas. No sólo importa que el producto tenga calidad, sino que el proceso por el cual ha sido fabricado haya sido respetuoso con las personas y el medioambiente. 

Todo eso se extrapola al mundo de la música de esta forma que hemos visto en Glastonbury. Quizá queramos ver a esta banda, incluso que seamos los mayores fans, pero si apoyas la caza y el uso de las armas no quiero que vengas a tocar. Es posible que todos los músicos deban estar cada vez más atentos a la conciencia social de sus aficionados, porque quizá el próximo que se vea en una situación como esta lo haga porque su gira es escandalosamente costosa, porque tenga un alto impacto ambiental o porque sus trabajadores cobren demasiado poco.


Actualización 30/06/2014: en respuesta a todo lo ocurrido Metallica, y obviamente asesorados por alguna compañía de marketing y publicidad, abrieron su concierto en Glastonbury con esta peculiar versión de su habitual intro, en la que aparecen ellos mismos cazando a los cazadores. Y ya que estaban, también han sacado camisetas con fragmentos de noticias sobre la polémica.

miércoles, 4 de junio de 2014

Festival Territorios de Sevilla: evolución, identidad y una propuesta

Recientemente El Club Express publicó un artículo de opinión sobre Territorios en el que, acertadamente, comentaba el autor que al festival aún le faltaba algo para dar el salto definitivo y posicionarse entre los grandes festivales del país. Ese "algo" que le falta a Territorios en mi opinión es una identidad clara y fuerte, algo que se consigue fundamentalmente con una programación que no vaya dando bandazos en función de donde sople el viento.

La evolución

En sus dos primeras ediciones el festival trajo a Sevilla aires frescos. En 1998 muchos pudimos ver bandas como Berrogüeto, La Musgaña, Capercaillie o Cherish The Ladies en un cartel que denotaba un conocimiento de la música a la que se enfocaba aquel primer año -la celta- y que traía formaciones en aquel momento poco conocidas por el gran público. En 1999 también pudimos disfrutar de un cartel con gente como Fanfare Ciocarlia, Natacha Atlas o Eduardo Paniagua, a pesar del fiasco de Dorantes en Plaza Nueva, que apenas consiguió interesar al escaso público que esta tarde hubo. Gran parte del público no conocía a muchos de los artistas que iba a ver, pero iba precisamente por eso, porque descubría bandas que no conocía.


Pero, a partir de la tercera edición, a pesar de que aún se mantuvo en el nombre el punto temático -esta vez "Territorios Atlánticos"-, se incluyeron bandas como Maita Vende Cá, el cartel se redujo notablemente y los precios se triplicaron. Y partir de entonces el festival se dedicó a programar a medias entre un Womad y un festival de los 40 Principales, con carteles en los que encontrábamos a Orishas y Philip Glass en 2001, Macaco y Goran Bregovic en 2002 o Carlos Jean y Carlinhos Brown en 2003.

A partir de 2004 encuentran el filón del rap y "lo que sea que esté moda en ese momento" y empiezan a programar días temáticos (hip hop, urbano, etc.) mientras el nivel de los conciertos gratuitos en las plazas se reduce notablemente. Aún así, durante algunas ediciones esto facilitó que el grueso del público que iba fundamentalmente a cogerse la papa se concentrara en el Auditorio de la Cartuja al tiempo que podíamos disfrutar de otro ambiente mucho más comedido en el Monasterio de la cartuja.

La etiqueta de "músicas del mundo", ya completamente diluída, seguía usándose para traer a gente como Lee "Scratch" Perry o Ismael Lô, pero el indie y el rap se convirtieron poco a poco en el núcleo del festival a partir de 2007. Desde entonces, Territorios no es más que la excusa para hacer un gran botellón en la entrada del Monasterio de la Cartuja. Y lo peor es que este sigue siendo uno de los mejores planes, porque no es raro encontrarse con conciertos con sonido pésimo, en los que apenas es posible distinguir una sola canción -como el de Mogwai o Echo & The Bunnymen de 2007- y lo que sí encuentras con total seguridad son unos precios en las bebidas desorbitados.

 
Propuesta

Territorios ha tenido unos cuantos aciertos en su trayectoria, como adelantarse al éxito de ciertos músicos, programando a Carlinhos Brown en 2003 -un par de años antes de su gran éxito y un año antes de que Trueba se fijara en él- o a Antony & The Johnsons en 2005 poco antes de dar el pelotazo con I Am a Bird Now. Pero también mantener un espacio -más o menos grande- para las formaciones locales o la elección de los espacios. Sin embargo, Territorios Sevilla necesita, en mi opinión, un nuevo cambio de rumbo que les posicione por fin como uno de los grandes festivales de España. Pero, para eso, necesitan enfocarse en unas cuantas cosas:

  • Un cartel más homogéneo, que no busque todo tipo de públicos. Una o dos bandas grandes, cuatro o cinco medianas, un par de apuestas poco conocidas y dos o tres locales debería bastar para llenar un par de días. Nada de un grupo indie, uno reggae, uno punk y otro electrónico, porque eso marea al personal y el aficionado al punk, por ejemplo, no paga por ver un sólo grupo que le guste.
  • Un número de artistas equilibrado, que permita la asistencia a todos los conciertos. Porque ha habido años en los que ha sido imposible hacerlo, con conciertos a la misma hora, escenarios demasiado cercanos que hacían complicado un buen sonido, etc.
  • Una gestión de las barras más eficiente y a precios no abusivos. Nada de moneditas o tickets para las consumiciones, porque eso provoca colas y el enfado del personal, que en ocasiones acaba por "tomar algo" antes de entrar. Si os fijáis muchos festivales de otros países no es raro encontrar una variada y económica oferta de comidas, ¿por qué no copiar lo que hacen bien por ahí?
  • Buscar otras formas de diferenciarse. Por ejemplo, haciendo el festival más sostenible: ¿es posible reducir el número de botellas de plástico? ¿Incluir contenedores de reciclado? ¿Reducir las emisiones o el impacto ambiental en entornos como La Cartuja? Yo creo que sí.
  • Inversión en publicidad. Necesaria sí, pero se puede reducir considerablemente si nos apoyamos en el periodismo nacional ofreciendo la posibilidad a diversos medios de entrevistar artistas, de cubrir el festival, incluso de documentar el proceso de organización previo. 
  • Trazar un plan a medio plazo. Tener bien claro donde quiere estar el festival dentro de cinco o siete años puede ayudar a evitar las tentaciones de sumarse a las modas de cada año.
Seguramente la organización habrá pensado ya en estas y otras muchas cuestiones, pero no podía dejar pasar la ocasión para comentar algunas ideas y propuestas, porque al fin y al cabo Territorios sigue siendo el único festival en Sevilla que ha conseguido traer a la ciudad a muchas grandes bandas y que continúa después de tantos años. Pero siempre se puede mejorar, ¿no?

miércoles, 30 de abril de 2014

Jazz actual: preguntas sin responder (por Manuel Recio)

Hace cien años, por estas fechas en las que se conmemora el Día Internacional del Jazz, en Nueva Orleans cientos de músicos estaban haciendo la maleta para salir de la ciudad y buscarse la vida en el norte o en la costa oeste. Era lo que tocaba. Nueva Orleans vio nacer el jazz pero no había —¡qué paradoja!— locales suficientes para tocar. Tampoco poseía una industria discográfica fuerte. Allí la música servía para divertirse, en Chicago o Nueva York era un negocio. ¿El jazz debe ser un negocio?

Ahora no sabría decir si la situación está mejor o peor. Confieso que mi interés por el jazz actual es escaso, lo cual no implica que lo que se haga sea de mala calidad o eso de cualquier tiempo pasado fue mejor. No, no van por ahí los tiros. De hecho, los conciertos a los que voy —menos de los deseados— nunca me han defraudado. Pero no me encandila. Posiblemente tengamos los mejores y más dotados músicos de jazz que jamás ha habido, las escuelas de jazz más completas, el público más educado y receptivo, una oferta más amplia y variada. ¿Por qué no consigue engancharme el jazz contemporáneo a mí, que en teoría soy público objetivo?

Existe, desde mi modesto punto de vista, una especie de crisis de identidad en el jazz. Ha perdido el fervor popular, el pulso, la conexión con el gran público. Se ha intelectualizado, sí. Esa horrenda palabra para muchos (para mí también) que en ocasiones marca una distancia letal entre el músico y la audiencia. ¿Esa distancia es insalvable?

Como dice mi buen amigo Carlos Pérez Cruz —que desde su Club de Jazz lleva más de diez años difundiendo jazz contemporáneo y músicas improvisadas afines—  escuchar jazz exige de un esfuerzo y una implicación por parte del oyente. Cierta paciencia y militancia añadiría yo. ¿Qué oyente está dispuesto hoy en día a regalar sus preciados minutos de existencia a un fin tan exigente?

Lo sé, son muchas preguntas y la mayoría no tienen respuesta. Esta reflexión no va contra nada ni contra nadie. Mucho mejor que yo, lo plantea Ted Gioia, un maestro, en su libro Historia del Jazz: “¿Es el mundo del jazz el que no va bien o sólo nuestra perspectiva? ¿Debemos exigir una revolución permanente? ¿Es válida nuestra arraigada expectativa de que la música debe ser siempre progresista, siempre mirando hacia delante, siempre haciendo cosas nuevas? ¿No es suficiente con que la música sea buena? Si lo músicos jóvenes se contentan con trabajar dentro del marco de los estilos anteriores, ¿por qué escucharlos a ellos y no a Armstrong, Parker, Ellington y demás? ¿Por qué escuchar al imitador, cuando el original está —gracias al milagro de la tecnología discográfica— casi igual de accesible?

No quisiera dejar un regusto amargo, ni mucho menos. Tal vez mirando hacia atrás, en el pasado, encontremos las respuestas del futuro. O tal vez no. Preguntas sin responder…


Si hace un año el día del jazz nos sirvió como excusa para publicar varios artículos en este blog y en El Club de Jazz, esta vez es Manu Recio, autor del blog La música es mi amante, quien ha tenido a bien cederme estas líneas para publicarlas aquí. ¡Gracias!

jueves, 27 de marzo de 2014

Crowdfunding en la música: el caso de Amanda Palmer

Hace pocos días el redactor jefe de Musicópolis me enviaba esta charla de Amanda Palmer en la que cuenta su experiencia como músico y artista callejero, pero el interés radica en el éxito que ha alcanzado con su campaña de microfinanciación en Kickstarter, motivo por el cual seguramente fue invitada a TED. Recaudar más de un millón de dólares ha supuesto una barbaridad tal que bien merecía un espacio.

La historia a grandes rasgos es esta: la señorita Palmer y su banda The Dresden Dolls editaron sus dos primeros trabajos con Roadrunner que, recordemos actualmente pertenece a Warner y anteriormente a Universal. Hace unos cuatro años la relación entre la banda y el sello se rompe y dos años después comienza la mencionada campaña en Kickstarter, que se ha convertido en el proyecto musical de crowdfunding que más ha recaudado en la historia. El dato curioso es que, según la propia Amanda Palmer, su sello discográfico consideró en 2010 que vender 25.000 copias no era suficiente, pero precisamente 25.000 personas aproximadamente son las que han aportado el millón y pico de dólares. 

Por supuesto, tal hazaña de recaudación ha desatado todo tipo de reacciones, pero este y otros casos similares, aunque no tan exitosos, deben darnos al menos qué pensar, especialmente a la industria de la música. Si nos hubieran dicho hace apenas quince años que un músico no necesitaría de un sello discográfico para grabar, editar, distribuir y publicitar su obra muy pocos lo hubiera creído. Que todo esto sea posible hoy en día indica de forma clara que muchas cosas han cambiado.Y, sin embargo, surgen muchas preguntas -muchas de las cuales le han sido ya formuladas a la señorita Palmer- en torno a este tipo de iniciativas, porque si un proyecto de crowdfunding tiene un objetivo económico concreto ¿qué hacemos con el dinero de más que se recauda? ¿de qué forma se gasta? ¿cómo explicar en qué y por qué?

No son pocos los casos de proyectos de crowdfunding que se han encontrado con numerosos obstáculos incluso después de haber recaudado más de lo que pedían, por lo que esta vía de "hacer un arte de pedir" parece enfrentarse a más problemas de los que parecen a primera vista. Y lo que ha quedado bastante claro es que los donantes tarde o temprano acaban por exigir ciertas garantías de que su dinero va a ser bien  empleado, exigencia que por cierto está en consonancia con una ciudadanía que también reclama a sus gobiernos mayor transparencia en torno a cómo gastan su dinero.

viernes, 28 de febrero de 2014

Mouksa Underground y la implicación política de los músicos

Leyendo la siempre recomendable web Rebelión me he encontrado con este artículo sobre lo que está ocurriendo en Ucrania. En él se menciona a una banda húngara -Mouksa Underground- cuya canción Rendszerváltás? (A nagy csalódás) (“Desilusión con el cambio de sistema”) habla de lo que ha supuesto a Hungría la entrada en la Unión Europea. 

Hace poco escribí un breve texto sobre la implicación política en el rap y esta canción de Mouksa Underground no ha hecho más que volverme a recordar cuánto echo de menos que en nuestro país los músicos se impliquen más en la situación política y social actual. Echad un vistazo a la letra:

Desde hace unos veinte años / Hemos estado esperando una buena vida 
Para el ciudadano común / En lugar de riqueza tenemos pobreza
Explotación ilimitada / Esto es el gran cambio de sistema
Esto es lo que esperábais / No hay vivienda No hay alimento No hay trabajo
Pero eso es lo que nos habían prometido que no pasaría
Los de arriba/ Nos devoran / Los pobres sufren todos los días
Esto es el gran cambio de sistema / Esto es lo que esperábais
¿Cuándo habrá un cambio verdadero? / ¿Cuándo habrá un mundo digno de vivir?
Habrá una solución decisiva
Cuando este sistema económico sea abandonado para siempre
Esto es el gran cambio de sistema / Esto es lo que esperábais
No hay ninguna solución que no sea revolución
 

viernes, 14 de febrero de 2014

13 años de "El Club de Jazz"

El programa radiofónico Club de Jazz acaba de cumplir trece años y su fundador Carlos Peréz Cruz ha aprovechado el momento para escribir una lúcida e interesante reflexión en la que se entrecruzan todo tipo de temas: la industria, las dificultades y, por supuesto, el jazz. Mejor leedlo vosotros mismos, porque mi intención desde este minúsculo espacio es dedicarle un pequeño homenaje y mostrar así todo mi respeto hacia una labor tremenda, enorme, que pocas veces se ve recompensada.

Además de las muchas anécdotas y vicisitudes que cuenta en el texto, me apetece hacer especial hincapié en varias ideas que comenta y con las que comulgo plenamente: en primer lugar que ninguno de nosotros es indispensable, algo que he comentado en alguna que otra ocasión en los artículos de opinión en Musicópolis. Pero también que no debemos trabajar para nadie que saque un beneficio económico y no  remunere por ello. Y, por último, el orgullo del trabajo bien hecho y el placer de hacerlo, lo que no quita que siempre se busque mejorar obviamente. Cuestiones que parecen quizá un tanto evidentes, pero que no habituales en esta profesión, a veces carente de actitudes coherente y principios sólidos...

Aprovecho la ocasión para recomendaros los artículos de opinión de El Club de Jazz y agradecer también la predisposición de Carlos a meterse en cualquier lío, como el año pasado cuando le propuse a él y a Manuel Recio escribir varios artículos para el día del jazz. Otra de esas cosas por las que no se cobra, pero a la que ambos periodistas se prestaron amablemente y dedicaron su tiempo y esfuerzo.

miércoles, 5 de febrero de 2014

Pay Per Review: el precio de una acreditación


El reciente anuncio del Primavera Sound de cobrar a los medios acreditados para cubrir el evento 50€ ha levantado ampollas entre todo el periodismo musical. Y de paso un debate, quizá más enfangado que interesante. Porque, a ver, no nos engañemos ni despistemos: el argumento de cobrar porque hay muchos que van a festivales "gratis" simplemente porque tienen un blog es demasiado parecido a eso "vamos a cobrar un euro por receta porque la gente abusa de la sanidad pública" o "vamos a subir los impuestos porque hay mucho defraudador". Y las explicaciones que da el director del festival en el foro son sospechosamente similares...

Lo que no es de recibo es hablar de lo que cuestan las cosas mientras con la otra mano se recogen 240.000€ de ayudas públicas, como recibió el Primavera Sound en 2010. Si el festival ingresó esa cantidad de dinero de TODOS los contribuyentes fue en concepto de evento cultural de interés general entiendo. Por lo tanto, también deberían facilitar que la prensa cubriera un evento de interés cultural, ¿no? Eso, sin mencionar otras prácticas y condiciones que se dan habitualmente en los festivales de este país, como la falta de seguridad, la ausencia de una zona de prensa y hasta lo mas elemental para los fotógrafos, que es un espacio para poder dejar su equipo de trabajo vigilado mientras realizan su labor.

¿Qué hay mucho espabilao que monta un blog o una web y se dedica a pedir acreditaciones para ir a conciertos gratis? Pues seguramente algunos habrá, pero los que estaban hace 10 años ya han desaparecido y los que lo hacen hoy ya no estarán mañana. ¿Qué también se hace lo mismo en otros festivales, fuera y dentro de España? Pues cierto, pero eso no implica que la medida sea acertada y, cuanto menos, coherente.

La cuestión es más fácil de resolver de lo que parece y ya lo ha dicho Rafael Mozún: "¿tan difícil es pedir datos de audiencia y alcance a un medio?" ¿o es que los departamentos de prensa de los festivales ni siquiera tienen tiempo para dedicarse a filtrar mínimamente los medios acreditados y hacer después un seguimiento del trabajo publicado sobre ellos? Con este panorama y como dice la gente de Notodo: "vosotros decidís colegas de profesión". Mientras tanto, entre todos le estamos haciendo una cobertura al festival impresionante, así que como maniobra de difusión desde luego ya ha sido un éxito...

* Por cierto, le he robado la idea del "pay per review" a Subnoise

martes, 14 de enero de 2014

Música y política: el rap

Hace más de un año publicaba en Musicópolis un artículo de opinión en el que reflexionaba en torno al papel de la música y el oficio en un contexto como el actual y algunos meses más tarde continué el tema poniendo el foco entonces en los músicos.Desde entonces la situación no ha cambiado sustancialmente y sigue siendo complicado encontrar músicos de ciertos géneros que editen discos en los que se veamos algún tipo de implicación política, así que he echado un vistazo al rap en nuestro país.

Aunque el rap no es un género que conozca mucho -apenas nada de hecho- y no está entre mis preferencias musicales, conocía la implicación de bandas clásicas como Public Enemy, pero no tanto el panorama patrio más allá de nombres bastante populares como El Chojin o Nach, quienes han dedicado en los últimos años algunas líneas a la situación que vivimos actualmente (Únete a mi bando o Indignación entre otras). Pero, bicheando un poco por ahí, no es difícil encontrar un buen puñado de nombres como Arma X, Immortal Techique (peruano), Los Chikos del Maíz o Pablo Hasél, e incluso temas compuesto ex profeso para una situación concreta, como en el caso de los vertidos químicos en Huelva, que ha sido objeto de una canción a cargo de Juanma Infante y Javi Vila.

Si bien es cierto que músicos de otros géneros siguen tocando temas políticos en la actualidad, como en el caso de los últimos trabajos de Van Morrison o Dr. John, por mi parte no puedo dejar de echar en falta un mayor compromiso en muchos músicos actuales y una mayor riqueza en los contenidos en los pocos que se atreven a tocar cuestiones políticas y sociales. Pero de momento, así está patio...



* Más información sobre rap político en el blog de Nikone Le Fou y en este artículo de Kaosenlared.

sábado, 28 de diciembre de 2013

Las listas de los mejores discos del año

Inexorablemente se acerca el final del año y con él para todos quienes se dedican a esto de escribir sobre música la hora de hacer las listas de lo mejor del año. En pocas semanas todos los medios y blogs nos inundarán con sus opiniones sobre los mejores artistas, discos, conciertos… del año que termina. Muchos incluso sacan sus selecciones un mes antes de finalizar el año, ignorando aquellos lanzamientos que producen en diciembre, y otros apenas se acuerdan de aquellos que salieron en enero o febrero.

Ahora que leeremos un buen puñado de ellas sería un buen momento para preguntarnos cuántas de ellas están motivadas por intereses puramente comerciales y si realmente tienen una influencia real en los lectores o el mercado. Pero también si quienes han ignorado –o simplemente los desconocían- algunos lanzamientos interesantes del año van a elaborar una lista de nuestro interés. Es decir, si habitualmente un medio ignora o desconoce lanzamientos que consideramos importantes ¿para qué leer su selección de los mejores discos del año?

Las listas, a pesar de ser sólo recomendaciones al igual que las decenas de reseñas que se publican cada semana, ejercen una peculiar atracción que suele traer aparejada consigo el debate. Todos los medios tienen cada año un buen puñado de críticas a las listas que elaboran. Siempre falta algún disco o hay poca presencia de ciertos géneros, pero por eso son las listas, porque precisamente se trata de seleccionar y dejar fuera aquello que se considera menos relevante. Siempre será más interesante centrarse en descubrir cosas nuevas en estas listas que criticar a quienes las elaboran por haber dejado fuera nuestro disco favorito del año.

La cuestión es que nos encantan estas cosas, seamos honestos. Cualquier artículo con listas está siempre entre los más visitados y de hecho son numerosos los gurús del 2.0 que se dedican a recomendar que los blogueros hagan listas. Suponen un tema relativamente fácil de abordar, fácil de redactar, suple las carencias de ideas y dan un excelente rendimiento en la web. En la música incluso nos encontramos con listas a mediados de año, por trimestre o cada mes. Lo que sea con tal de rellenar un hueco que, como bien sabemos, en la web el contenido –el que sea- lo es todo.

Como redactor musical, bucear entre la inabarcable cantidad de lanzamientos que se producen en un año y hacer un ejercicio de perspectiva es un reto y un juego verdaderamente entretenido y en ocasiones hasta cautivador. Te obliga a replantear tu trabajo, observar las novedades en su conjunto e intentar acertar con quienes superarán la criba del tiempo. Porque también las listas de lo mejor del año tienen un interés y una función: poner los focos sobre ciertos trabajos que, a juicio de los redactores encargados de la selección, tienen una gran calidad y merecen ser recordados por encima de otros. Son útiles, porque gracias a ellas descubrimos discos, músicos menos conocidos y, sobre todo, son un entretenido intento de ordenar el caos. Y, como con todo en esto del periodismo musical, se trata una vez más de informar y orientar. En la medida de lo posible para algunos y lo que les dejen para otros.

* Publicado originalmente en Musicópolis.

jueves, 26 de diciembre de 2013

Quiero trabajar para una gran revista

Como tantos otros, yo también quiero trabajar para un medio grande. Uno en el que en estas fechas no tenga que seleccionar los mejores discos del año, porque ya están seleccionados en función de los ingresos por publicidad y alguna otra directriz más. Quiero hacer una lista de los mejores discos del año en la que pueda quedar bien con esas “vacas sagradas” que siguen sacando discos, pero no llegan a la altura de sus años dorados, pero también quiero incluir alguna banda de esas de las que todo el mundo habla y todo el mundo olvida en pocos meses. Incluso sería interesante olvidar aposta algún disco que ha hecho mucho ruido para generar todo tipo de comentarios después, porque ya sabemos que hay algo peor a que hablen mal de ti y es que no hablen. Pero lo mejor de escribir en un medio grande debe ser no pensar, ni siquiera para hacer una lista de los mejores discos del año.

lunes, 25 de noviembre de 2013

¿Crítica o reseña?

A primera vista puede parecer absurdo e, incluso innecesario, entrar a desgranar las diferencias o semejanzas entre ambos términos. Pero a veces se usa demasiado la reseña en un tono despectivo, como haciendo hincapié en que ésta se dedica únicamente a analizar y la crítica añade además una valoración subjetiva, que se presupone como un valor mayor que el análisis. 

Sin embargo, según la RAE una crítica es "un exámen y juicio acerca de alguien o algo y, en particular, el que se expresa públicamente sobre un espectáculo, un libro, una obra artística, etc." y una reseña es una "noticia y exámen de una obra literaria o científica". Es decir, que ambas se dedican a hacer un exámen de una obra. Poca diferencia parece apreciarse aquí. Es más, quienes estén habituados o trabajen en el ámbito académico estarán más que acostumbrados a escribir reseñas y saben que la última parte corresponde siempre a un juicio de valor.

Las diferencias entre una y otra parecen estar más en la intencionalidad de quien los usa que en los propios términos, por lo que algunos preferirán usar "crítica " pensando aún que eso les da cierto relumbrón o capacidad para emitir un juicio sobre una obra, pero mucho más usarán "reseña" precisamente para diferenciarse de aquellos. Cuestión de principios.

lunes, 11 de noviembre de 2013

¿Críticas positivas para conseguir mayor atención en las redes sociales?

Hace unas semanas un compañero me enviaba este texto en efe eme en el que se hace a mi parecer un juicio erróneo o al menos se plantea una pregunta hueca. El autor se pregunta si se hacen críticas preferentemente favorables para conseguir mayor atención de los músicos en las redes y poco más. Bueno, el debate no es nuevo desde luego, porque con redes sociales o sin ellas, la cuestión de escribir críticas positivas o negativas es algo que trae de cabeza al oficio desde hace décadas. Todos conocemos casos de quienes creen que opinar mal de todo disco que le caiga entre manos les va a granjear, si no más trabajo, al menos algo de fama o repercusión. Por otra parte, están -estamos- quienes ya han hecho un trabajo previo de selección y escriben de aquello que les ha resultado más interesante. Estas sería las dos categorías, así por encima, porque evidentemente los últimos también escriben críticas negativas, aunque en menor número, y los primeros también de vez en cuando hablan bien de un disco.

Un debate más o menos interesante, sí, pero ciertamente ajeno a aquellos medios que no están atados a escribir de una serie de novedades concretas cada mes ni a presiones de sellos discográficos. Personalmente, no recibo ni he recibido de los medios en los que escribo actualmente ningún tipo de presión ni recomendación a la hora de escribir críticas, ni para recibir más RT's, ni visitas o enlaces. Es más, estoy seguro de haber escrito un buen número de textos en los últimos años que probablemente no han sido leídos ni por una decena de personas. Y como yo muchos, muchísimos. Así que, mientras muchas de esas grandes publicaciones cada día se parecen más a una revista del corazón que a una publicación de música seria y se agobian, se martirizan y se desgañitan por un cambio de escenario que no les favorece, aquí seguimos los demás: escribiendo sin recibir presiones y sin preocuparnos más que por hacer este trabajo lo más honestamente posible.

viernes, 18 de octubre de 2013

La figura del colaborador

En un país como este, en el que la “cultura del becario” ha sido desde hace años parte importante del crecimiento empresarial, el trabajo -no ya mal pagado- sino gratis total nunca ha estado mal visto. Las “colaboraciones” son otra parte de ese entramado. Aunque es un concepto y realidad existente desde hace años, ha sido en los últimos diez con la generalización del uso de internet cuando encontramos una infinidad de revistas, blogs e incluso medios de comunicación grandes que andan constantemente en busca de “colaboradores”. Pues bien, ese “colaborador” es alguien a quien le apasiona una o varias temáticas, de las cuales tiene amplios conocimientos, y al que además se le pide tener una redacción aceptable (por cierto, se puede no ser periodista y ser capaz de articular un texto en condiciones). 

Nunca ha sido difícil encontrar a personas interesadas en hacer este tipo de colaboraciones: estudiantes de periodismo, aficionados a temas concretos, etc. porque el mercado de jóvenes –en su mayoría- de los que aprovecharse es bastante grande. Especialmente en este país, en el que las tasas de paro difícilmente han bajado del 8% en los últimos 35 años –en los años de la burbuja inmobiliaria-, mientras que en Gran Bretaña por ejemplo en plena crisis y con un paro que escandaliza y preocupa a todo el país apenas han llegado a ese 8%. Y eso, hablando de población activa, porque si nos centramos en el desempleo juvenil España duplica como mínimo las cifras inglesas. Vamos, que no es muy complicado encontrar gran cantidad de gente joven bien preparada dispuesta a trabajar gratis para, al menos, tener algo que poner en su currículum. 


Así que ya tenemos los dos actores principales de este tinglado: un medio que quiere tener contenido gratis y gente que quiere escribir sobre sus temas preferidos. Pero en esta simple ecuación hay que incluir que el medio obtiene sus ingresos por la publicidad pero no paga por los contenidos que necesita para obtener precisamente esa publicidad. Y no estoy hablando de un blog de amigos con una vocación puramente divulgativa o pequeñas webs que apenas ganan unos céntimos con google adsense, sino de webs con miles de visitas diarias y con una media de casi 400 reseñas anuales… ¿Cuánto creéis que pagaría una empresa por publicitarse en una web con ese nivel de visitas? Pues eso. 

Afortunadamente, existe otra parte en este negocio y es la de aquellas empresas que han apostado por remunerar a sus redactores. De esta forma, se aseguran una mayor calidad en contenidos, unos textos bien redactados y una implicación mayor por parte del redactor, porque ninguna empresa va a pagar por un trabajo que no considere aceptable, ¿verdad? Entendámonos, nadie va a ganarse la vida escribiendo dos –o veinte- artículos al mes (al menos tal y como está el panorama actualmente), porque la cuestión es que la remuneración (y no digo que esta sea justa, alta o baja, sino simplemente que exista) es la única forma que conocemos en nuestro sistema para reconocer el trabajo bien hecho. Pagar a un redactor es reconocerle su trabajo

* Fragmento extraído del artículo "Prensa musical e internet", publicado originalmente en Musicópolis.

jueves, 10 de octubre de 2013

Promocionándose en twitter...

Seguro que en ocasiones os habéis encontrado con ese tipo de usuarios que se dedican a mencionar a un puñado de medios y redactores en twitter dejando tan sólo un enlace a un vídeo a su web. A ver, entiendo que esto de las redes sociales puede ser una buena forma de promocionarse, pero señores que los que están detrás son personas. Qué menos que un "hola, somos tal y esta es nuestra web" o "buenas tardes, somos fulanito de tal y este es nuestro último vídeo por si te interesa". Un mínimo, pero es que eso de mencionar a todo el que pase por delante con un enlace es como el spam por correo electrónico... 

Cada uno elige qué tipo de estrategia quiere seguir, pero desde luego creo que muchos agradeceríamos que las formas fueran otras en muchos casos. Y aún más lo agradecerían los propios grupos y músicos, porque desde luego de otra manera seguro que conseguirían mayor atención. Por cierto, sirva el tuit anterior sólo como ejemplo. Son muchos los que hacen lo mismo y simplemente éste el último que he recibido.

viernes, 20 de septiembre de 2013

Sobre la campaña #pagaloquequieras de BCore Disc

Gracias al foro de Subnoise he conocido hace poco la iniciativa #pagaloquequieras del sello BCore Disc. Cierto es que un poco tarde, dado que la campaña ha sido durante el verano, pero es que son unas fechas en las que uno intenta desconectar un poco de todo. La cuestión es que la gente de BCore decidió liberar todo su catálogo a través de Bancamp y así cada usuario podía decidir si pagar o no, así como la cantidad, por la descarga de los discos.

Ahora han publicado los resultados y, bueno, personalmente me han parecido bastante desalentadores. Cierto es que aparecieron en muchos medios y la cosa tuvo bastante eco en las redes sociales, pero las casi doce mil descargas que han tenido -y de las cuales sólo un 2,6% de los usuarios hicieron alguna aportación- no aseguran una mayor afluencia de público a los conciertos ni unas ventas mayores de merchandising. Y me refiero a los conciertos concretamente porque son muchos los que hace tiempo vienen argumentando que ahí es donde está el beneficio en la música. Y ahí hay beneficio para Madonna o U2, pero dudo mucho que bandas independientes puedan ganarse la vida decentemente únicamente con las actuaciones en directo y las ventas de un par de camisetas.



Más allá de sesusos análisis en torno a marketing, nuevos nichos de mercado, branded content y chorradas similares el tema en mi opinión es mucho más sencillo: por una parte es evidente que todos tenemos menor capacidad adquisitiva ahora -gracias las subidas de impuestos y demás- y por otra no olvidemos que los géneros que trabaja BCore son ahora igual de minoritarios que hace veinte años. Es decir, el público es básicamente el mismo que en los noventa, aunque ahora queda difuminado entre la maraña de usuarios -y no aficionados- que se dedican a acumular compulsivamente discos y películas en sus discos duros. Probablemente ese 2,6% que hicieron alguna aportación más otro 5% de otros que no pueden permitirse comprar discos son el verdadero público de las bandas de BCore y los demás han sido simple y llanamente carroñeros de internet que, al calor de la campaña, pasaron por el bandcamp y descargaron todo lo que vieron.

Sinceramente creo que el trabajo que hace Bcore es excelente en muchos aspectos: han eliminado los gastos de envío, los precios de sus referencias no son especialmente caros, tienen un catálogo variado e interesante, hacen un buen uso de las redes sociales, tienen un blog en el promocionan novedades, etc. No soy un profesional del negocio, pero desde luego a mí no se me ocurre nada más... Es evidente que la industria debe cambiar, pero en este caso, con un sello independiente que trabaja bien el problema no es suyo, sino nuestro.